viernes, 28 de diciembre de 2012

On my way



Tras 14h de bus nocturno había llegado a la capital. Bangkok es… es… el blanco y el negro, el color de sus templos y el gris de sus edificios, el caos de sus calles y la paz de sus santuarios, la tranquilidad de su gente y la rapidez de su vida, lo ostentoso de una esquina con lo humilde de la otra, pero sobre todo Bangkok es el gran bazar de Tailandia donde todo puede encontrarse bajo el pegajoso calor de un cielo sospechosamente grisáceo.
Lo primero con lo que tuve que lidiar en esta urbe de más de 7 millones de habitantes fue con la búsqueda de alojamiento, algo afortunadamente fácil para mi. Y tras ello a inmigración para poder extender mi estancia… aquí empieza MIVISA EXPRESS.
Moderación no es un nombre que pueda ir en la misma frase que Bangkok, asi que el tráfico aqui es de todo menos moderado. La mejor opción para llegar a mi destino era optar por una moto-taxi. Paré a un hombrecito que apenas hablaba inglés, le indiqué en un mapa donde quería ir, me lanzó su oferta, se la contrarresté disminuyendo la cantidad e indicándole que “ida y vuelta”, aceptó y allá que fuimos.
Tras un buen paseo llegamos a inmigración, donde una señora me indica que mis necesidades serán atendidas en otro edificio (cercano pensé yo). Le explicó a mi amigo taxista donde ir y éste me informó de que me llevaba sin problema (y no mencionó ningún suplemento, perfecto). Después de cruzarnos la ciudad llegamos al destino, donde me informan de que sólo me pueden extender 7 días más, y como esto no me valía le dije a mi querido chófer que me dejara en la estación de trenes para ver a qué hora salía el que me llevaba a la frontera con Cambodia. Alli me dejó y alli le pagué el dinero acordado, a lo que él empieza a negar con la cabeza y a pedirme el doble, le digo que ni de coña, me lleva a un puesto de información para que me traduzcan sus pensamientos; el buen chaval que alli estaba así lo hizo mientras se reía, le vuelvo a decir que le traduzca que NI DE COÑA. El buen señor vio a un par de policías y me dice que vayamos a hablar con ellos… asi que le dije que le daba una tercera parte de lo que me estaba pidiendo y que me olvidara. Y me fui.
¿Y mi visa? Pues finalmente descubrí que contratando una de esas famosas van (que son el gran negocio de este bendito país), me llevaban a Cambodia y me traían en el mismo día, conseguía 15 días más de visado y todo me salía más barato que pagando la extensión oficial. Deal!
Pero llegar a la frontera tampoco fue un camino de rosas. Los tipos que conducían la furgo trataron de todas las maneras de que pagásemos consiguiésemos la visa a través de ellos. Obviamente la tarifa de la misma repentinamente se incrementó, pasando de tener 3 cifras a tener 4, y la justificación podía ser desde “así el trámite es más rápido” ó “si no lo haces así no vas a tener bus de vuelta a Bangkok” hasta “es que ya se han acabado las visas por hoy”... Incluso llegaron a pararnos en un supuesto consulado de Cambodia para que pagásemos la visa alli. Afortunadamente todos íbamos en preaviso de tales juegos e insistimos en que sólo íbamos a pagar en la frontera. Finalmente después de invertir todo un día viajando, haciendo cola y evitando ser estafado, conseguí mi nueva visa. Yuhu!

El resto de mi tiempo en Bangkok lo dediqué a patearme sus calles y mercados, disfrutar de sus numerosos puestos de comida y, sobre todo, descubrir sus increíbles templos. En mi última visita a uno de ellos, tuve la “suerte” de poder asistir a una ceremonia budista donde se daba el último adiós a una mujer. Después de haber velado el cuerpo de la difunta, éste fue trasladado a un pequeño templo-altar bajo una comitiva encabezada por un monje. Tras rodear tres veces dicho altar, se depositó el féretro y comenzó una fiesta de música y danza en honor a la despedida. Por último los asistentes depositaron una flor blanca en el altar de la homenajeada, dándole así su último adiós. Nadie parecía triste, al contrario, para los budistas la muerte es el paso transitorio tras el cual pasas a tu siguiente vida, y así será hasta que llegues al nirvana, momento en el que accedes al conocimiento completo. Puesto que por lo tanto la muerte se contempla como un paso hacia la perfección, no tiene sentido la tristeza para ellos, llegando a ser ofensivas las muestras de dolor en un funeral budistas. Sin duda una interesante religión que me gustaría conocer un poquito mejor.

Bangkok. En definitiva una ciudad muy intensa pero que, sin duda, no hay que dejar de visitar. 

Chinatown

Chinatown


Wat Pho

Wat Pho

Emerald Buddah Temple
El turismo por excelencia, Khaosand Road



Wat Arun

Wat Suthat

Wat Tri

Funeral. Templo-altar

Funeral. Comitiva
Funeral. Orquesta

Funeral. Danzas

Funeral. Danzas

Funeral. Danzas

Funeral. Danzas

Llegó el momento de encaminarme hacia el norte del país. Pero antes había que hacer una parada en la vieja Ayuthaya, ciudad destacada en la Tailandia histórica cuya parte antigua se encuentra delimitada por un río, lo que la convierte en una isla. 








Y tras 15h de viaje, llegué a la espiritual Chiang Mai. No sé porque pero desde el momento en que me bajé del tren una sensación de calma me rodeó. La ciudad se presenta como el enclave perfecto para la práctica del yoga, la meditación, el contacto con la naturaleza, la cocina thai, pero también se disfruta gastronómicamente con sus miles de puestos de comida, restaurantes y sus enormes mercadillos. Yo probé un poquito de casi todo: yoga, naturaleza, comida, música y, por supuesto, templos.
Es muy curiosa la existencia de dos ciudades en una. Dentro del casco antiguo se respira y se vive el ritmo de un pueblo que no sabe de prisas, en el que puedes perderte paseando por sus callejones y descubrir un nuevo templo. Y cuando cruzas las puertas de lo que un día fue una muralla, el tráfico y el barullo del día a día te hacen darte cuenta de que la población aloja a unos 175.000 habitantes. 

Wat Chedi Luang

Wat Chedi Luang

Buda en Wat Chedi Luang

Es la hora


Nightmarket
Doi Inthanon National Park

Doi Inthanon National Park

Doi Suthep

Recién bendecido!

Doi Suthep

Chiang Mai

Pero 762 curvas más al oeste de Chiang Mai me esperaba la última parada en mi itinerario, Pai. Os daré un par de cifras más para que trateis de haceros una idea de cómo es la carretera que separa estas dos poblaciones: 135km en más de 3h… Como no podía ser de otra forma, cuando llegas al destino te das cuenta de que merece la pena: tranquilidad pero ambiente, montañas y valles, río y piscina, cascadas, aguas termales, sol, elefantes, kayaks, trekking y 2’5 euros alquilar una moto 24h, sounds good!!
Pai es uno de esos sitios en los que no tienes que planear nada, sólo levantarte y hacer lo que te pida el cuerpo (y tal vez sea simplemente disfrutar de tu lazy day).
Mis últimos 2 días opté por una excursión en la que caminamos por la montaña, nos bañamos en algunas de sus cascadas, descubrimos la vida de sus pueblos y aprendimos las múltiples utilidades de la planta estrella de la zona, el bambú. 

Pai

Mi humilde morada




Preparando los materiales para la comida

Todo al fuego!

Menuda cena nos esperaba!

Un alto en el camino para refrescarse (y mucho)

Pueblín tipical north of Thailand

Y hasta aqui Tailandia, un país con infinitos contrastes y posibilidades. Un país que, aunque presa del turismo, merece ser visitado.

Próximamente: Laos
 
P.D: Y ya aprovechando las fechas en las que cuelgo esta entrada, os deseo la mejor de las suertes para el año que está a punto de comenzar.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Hello, massage?


Sí! Estoy en Tailandia, y esta es la frase que más veces al día escucho (compite muy muy de cerca con “taxi?”).

Llegamos a Tai mediante un ferry que une la isla de Langkawi (Malaysia) con Satun, un pueblito de la costa tailandesa del que no hay nada más que decir.
Anteriormente no había comentado que la gente malaya fue encantadora y que allá donde hemos ido siempre han tratado de ayudarnos y nos han puesto una sonrisa en casi todos los sitios. Ahora es diferente. No es que los tailandeses sean mala gente, pero si pueden hacer negocio contigo, lo van a hacer. Hicimos el panoli con el primer trayecto de bus que compramos, pagando el doble de la tarifa normal por no comprarlo en la propia estación de autobús (a nuestro favor he de decir que la única manera de llegar a dicha estación era a través de la mujer que nos vendió dicho billete), pero esto ha sido “una y no más”.
De Satun nos fuimos hasta Krabi, bajo una lluvia infernal, y allí hicimos noche. Lo poquito que pudimos ver de este pueblito fue un mercado nocturno de comida y bebida con orquesta incluida, algo tipo las verbenas del barrio pero made in Thailand, asi que nos gustó el lugar!
A la mañana siguiente volvimos a montarnos en un ferry para ir a las paradisíacas (e hiperturísticas) islas de Phi Phi. La isla habitada (Phi Phi Don) rezuma vida día y noche. Si tratas de imaginarte su playa principal obviando la fiesta nocturna y las resacas diurnas, es una belleza. Phi Phi Leh, la otra isla, la mantienen como una reserva natural que sólo puedes visitar para hacer snorkel (genial) o diving mediante viajes organizados. Aquí se encuentra la playa en la que se rodó la película del mismo nombre de Di Caprio, e ir a visitarla es como tratar de encontrar un sitio a tu sombrilla en la costa de Benidorm… con el añadido de que encima tienes que pagar si quieres bajarte del bote para pisarla, asi que un servidor se ahorró ese dinero.
Ambas islas son increíbles pero, si ya están explotadas, de aquí a unos años prometen convertirse en una Ibiza tailandesa. Os dejo unas instantáneas: 








Tras la ajetreada Phi Phi queríamos algo más calmado, asi que nos fuimos a la pseudo-hippie Railay con una pareja de cordobeses argentinos que conocimos. Aquí aprovechamos el ambiente relajado del lugar, la posibilidad de escalar (yo lo obvié), las playas y el guest house en el que nos hospedamos. Una gran combinación. 





Siguiendo con nuestra búsqueda de tranquilidad, la siguiente parada fue el pueblito de Khao Lak, y llegar hasta aquí fue toda una gincana de transportes: bote+van+bus+taxi. Todo esto por querer ir de listos y buscarnos nuestros propios transportes y no exponernos a que nos sacaran más dinero… al final llegamos hechos una sopa con el diluvio que nos cayó y nos ahorramos el equivalente a casi una cena.
Khao Lak prometía más en la teoría que lo que fue en la práctica… probablemente que el tiempo no acompañara ayudó a ello. Eso sí, nuestra última noche alli fue una luna llena que coincidió con una festividad budista y la celebración en la playa fue muy bonita (free bbq incluida!) 



Hasta aquí he de decir que eso de que Tailandia es más barato que Malaysia es un cuento, al menos en el sur los precios son iguales o superiores, pero también es cierto que el apogeo del turismo es una variable muy fuerte a considerar.

A partir de este punto el viaje se ha dividido. El mexicano y los argentinos se fueron para una isla en la costa este y yo puse rumbo a Bangkok, donde tenía que solucionar la extensión de mi visado, ya que al no entrar en el país vía aérea sólo me concedieron 15 días. Pero esto es otra historia que contaré en la próxima entrada.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Avanzando



Nuevos aires se acercaban. Nuevos y frescos! Aunque conseguir tales aires fue potencialmente peligroso para nuestra seguridad.
Por lo general aquí tienes dos formas de moverte por carretera (sin contar el transporte propio) el bus y la van (una furgo). El bus es más barato, y nosotros, como buenos novatos en el país, nos dejamos aconsejar por una oficina oficial de turismo de Malaysia y optamos por la segunda opción, un poco más cara pero ahorras tiempo. Aquí es donde os cuento cómo se conduce en este país: “mariquita el último”. Cada uno va a lo suyo y conduce en función de sus intereses, a esto hay que sumarle la importante cantidad de motocicletas que forman parte del parque de movilidad y que aparecen por cualquier recoveco. Pues es un caos en el que aún no he visto un solo accidente, punto para ellos.
Las formas de viaje me recuerdan a España hace 25 años, cuando en el R18 de mi padre nos metíamos 7 personas para ir a la playa y la mayor preocupación era si iban a caber las maletas, no si el niño tenía un asiento homologado para su edad, sexo, constitución y estado anímico con cinturón de seguridad avalado por la NASA.
Lo de 2 personas en una moto y un niño entremedias, sin casco ninguno de ellos por supuesto, es otro clásico.
El caso es que, tras tanta divagación, lo que quería contar es que fuimos hasta nuestro siguiente destino en una van cuyo conductor era familiar cercano de Emerson Fittipaldi. Esto unido a una trillada suspensión del vehículo y una dudosa uniformidad de la carretera, hizo que mi mente reconstruyera los mejores momentos vividos en el pulpito loco de la feria y que mi desayuno estuviera a puntito de haber sido una pérdida de dinero.

Peripecias a parte llegamos a Cameron Highlands, donde cubrirse con un edredón para dormir fue todo un placer.
Esta zona es famosa por sus numerosas plantaciones de té, fresas y granjas de abejas. La vegetación es diferente a lo que habíamos visto, ya que en este caso los bosques pluviales es la dominancia. 

Tanah Rata

Plantación de té
Una vez más el tiempo no fue nuestro mejor aliado y los tracks que queríamos hacer se redujeron a uno. A cambio disfrutamos de la gastronomía local, sus frutas y mi nuevo fan-desayuno: roti banana, una especie de crêpe hindú con plátano dentro, yummy!!

Y llegó la hora de dejar la península y explorar alguna isla. Penang fue nuestra siguiente parada, y el viaje también tuvo su anécdota… Esta vez decidimos movernos en un bus normal. Cuando estábamos esperando en la estación sólo deseábamos que no fuera al que le estaban dando martillazos en una puerta para que encajara… obviamente ese fue el nuestro.
La puerta no dio ningún problema, tampoco lo hizo el motor (el cual prometía no aguantar mucho tiempo sin explotar por el esfuerzo), sino que fue tras una curva cuando la puerta del maletero cedió y nuestros equipajes pasaron a disfrutar de una vida exterior… Fue el autobús que venía tras nosotros el que se percató de lo ocurrido, y fue el conductor del mismo autobús el que nos ayudó a recoger nuestras desperdigadas mochilas. Nuestro conductor ni se despeinó, no dijo ni un “lo siento”.

Penang no es una isla especialmente bonita, pero tiene “rollo”. Además de ser el mejor lugar culinario de Malaysia, tiene un importante punto cultural: declarada Patrimonio de la Humanidad, poseedora del templo budista más grande del país, con un seductor Chinatown, una curiosa Little India y el interesante primer asentamiento chino de casas flotantes, así como una atrayente muestra de graffities callejeros regalados por un artista ruso que interactúan con los edificios o con mobiliario urbano y que, personalmente, me gustaron mucho. Creo que el lugar se merece un “must”.
Todo esto unido a un parque nacional con una preciosa playa que, además, es lugar de desove de tortugas, hizo que le dedicáramos 5 días a esta isla antes de dar el salto a la siguiente. Os dejo una pequeña muestra: 

Little India


Entrada a un templo budista



Clan Jetties
Kek Lok Si Temple


Parque Nacional de Penang

Atardece en Penang

Un ferry nos llevó hasta Langkawi, la última isla del norte de Malaysia que ofrece acceso directo a la costa tailandesa y que, entre otras cosas, es zona duty free… esto se tradujo en que, inmediatamente después de salir del ferry, lo primero que hicimos fue adquirir… guess!
Langkawi posee unos 320km2 y la fama de albergar las mejores playas malayas. La parte en la que nos hospedamos era la preparada para el turismo, así que nuestra actividad allí consistió en disfrutar de sus precios y su costa así como descubrir el resto de encantos que escondía la isla. Easy. 

La noche llega a Langkawi


Seven Wells Waterfall


Tanjun Rhu beach

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sudando


Auckland se despidió de mi con un bonito (y ya esperado) día soleado.
El último desayuno en Frienz estuvo más marcado por los nervios de la partida que por la tristeza del adiós… hasta que llegó el adiós y el estómago se encogió un poquito pensando cuando volvería a ver a algunos de los miembros de esa familia que dejaba tras de mi.
El viaje de 17h comenzó con un retraso en el avión de 1h. Prosiguió percatándome a nuestra llegada a Singapur de que me faltaba la tarjeta de embarque correspondiente al vuelo que me dejaría en mi destino final, Kuala Lumpur (KL). Sin embargo todo terminó perfectamente por 2 motivos, el primero porque llegamos con media hora de adelanto a KL, y el segundo (y más importante) porque volé con una amiga malaya que me dejó en la puerta del guesthouse al que tenía que llegar.
En esta ocasión mi compañero de viaje es un mexicano que conocí viajando por la isla sur de Nueva Zelanda que, cansado de su vida de publicista en el gigante DF, ha decidido recorrer mundo sin rumbo pero buscando siempre la aventura y la libertad.

Primera sensación malaya: calor, mucho calor. Aquí no se puede estar sin un ventilador o un aire acondicionado. Si bien la temperatura no es exageradamente alta (de 21º a 33º), la humedad hace que la sensación de calor aumente considerablemente.

Mi primera impresión de KL fue una mezcla entre caos, gris y suciedad. Esta última luego me di cuenta que no era tal, sino consecuencia de lo primero, la cantidad de puestos de comida en las calles y toda la gente alrededor y las numerosas obras sin terminar que rondan algunas áreas.

Curiosamente sólo el 57% de la población de Malaysia es malaya, el resto lo representan los inmigrantes, asi que os podéis imaginar lo increíblemente multicultural que es este país. KL diría que tiene un importante porcentaje de inmigración india, tanto es así que toda la comida que probé era de tal nacionalidad debido a la cantidad de restaurantes que poseen en la ciudad.
Los precios, siendo los más altos de la zona del sudeste asiático, no dejan de ser una bendición para el bolsillo (café con leche: unos 50céntimos; plato de comida: 1’5€; habitación twin con a/c: 15€ (fuera de KL y con ventilador baja hasta unos 7€); zumos de fruta recién exprimidos… increibles: 60céntimos), a excepción del alcohol que sigue siendo un pequeño lujo (lata de cerveza fuera de un bar: 1’5€ aprox).

Aunque en Malaysia conviven diferentes religiones y la cantidad de templos budistas que te encuentras caminando por sus poblaciones es abrumadora, es un país predominantemente islámico, así que es normal encontrarse a las mujeres ataviadas con su velo y escuchar el canto del muecín en sus varios llamamientos al oficio y la oración en alguna de las diversas mezquitas que posee cada población (inclusive desde la carretera se llegan a anunciar las áreas de servicio que poseen tal tipo de templo).

KL es una ciudad de contrastes. Diferentes tipos de arquitectura, religión, cultura y gente conviven en un mismo espacio.
Nuestro guesthouse estaba en el centro y podíamos ver de todo, desde las casitas más humildes y los sitios más auténticos, a los más modernos centros comerciales o de convenciones, como las famosas Torres Petronas. Con respecto a tan emblemático icono, sólo puedo decir que después de esperar 3 noches para poder ir a visitarlas sin lluvia, el día que pudimos ir no estaban iluminadas… (no more to add).
Aquí os dejo algunas instantáneas de KL y de Melaka, una ciudad con una muy variada herencia cultural hindú-china-holandesa-portuguesa.

Museo Textil (KL)

Palacio del sultán (KL)

Masjid Negara (Gran mezquita. KL)
Melaka

Templo budista (Chinatown. Melaka)

Melaka

 Tras patear un poco la gran urbe malaya decidimos ir al otro extremo y aventurarnos en  el Taman Negara, el parque nacional que supone los pulmones verdes del país. Llegar hasta allí nos implicó 3h de bus furgo, 2h de espera en un pueblito, 15min más de furgo a otra población cercana y de ahí 3h más en bote remontando un río… todo esto para enterarnos después de que podíamos haberlo hecho todo del tirón en el bus... (Gracias Turismo de Malaysia!). Y con esta foto podéis haceros una idea de cómo era el bote


Si hasta aquí habíamos pasado calor, ahora una humedad del 98% hacía que caminar dos minutos y empaparte en sudor fuera todo uno. El atractivo del parque está en conocer la fauna y flora de su jungla (obviemos la existencia de mosquitos y sanguijuelas). Para bien y para mal el monzón afectaba esta área, así que cuando llovía podías aliviarte un poco del sofocante calor pero también implicaba que los tracks eran más complicados de realizar y que, al hacer cumbre, apenas se viese más que nubes. 

Entrada al parque

Pumbas que lo habitan!
Coronando el Bukit Indah

Canopy walkman
El pueblín (Kuala Tahan)


Nuestra humilde morada :)


Aún así decidimos pasar varias jornadas en el tranquilo pueblito antes de dirigirnos a más frescos parajes, pero esto os lo contaré en al próxima entrada.

martes, 30 de octubre de 2012

FIN DE LA PRIMERA PARTE


Trece meses. Hoy hace 13 meses que puse los pies en Nueva Zelanda por primera vez.
Como pasa el tiempo...
Trece meses muy diferentes, con mucha historia, con muchas sensaciones, diferentes emociones, estados de ánimo, gentes, lugares, ilusiones. Trece meses en los que sientes cómo te abres al mundo y el mundo se abre a ti. Trece meses para conocerte mejor, para descubrirte un poco más.

Supongo que llegado a este punto es obligatorio hacer un balance de mi estancia por las antípodas españolas. El resultado es, sin lugar a dudas, muy positivo.
Si bien el objetivo principal del viaje era, a partes iguales, personal y profesional, la primera ha eclipsado a la segunda. Y me gusta.
Mucho ha cambiado la historia desde mi llegada a este país. Las ideas iniciales han cambiado tanto como el tiempo lo hace en 24h en Auckland. De la expectación a la incomprensión. De la incomprensión a la añoranza. De la añoranza a la tristeza. De la tristeza a la fuerza. De la fuerza a la consciencia y de ésta a la complacencia.

Tal y como me habían prevenido, el comienzo no fue sencillo. Es justo decir que Nueva Zelanda es un país fácil, con pocas trabas, gente afable y siempre dispuesta a ayudarte y una atmósfera de calma que envuelve todo y promueve el “relax and take it easy”, hito absoluto del país. Aún así nadie está exento de la nostalgia inicial de aquello y aquellos que dejó atrás.
Como ocurre generalmente, el tiempo es el mejor aliado para la adaptación. Y al tiempo se le une un factor muy importante, la gente.
La mayor de las ventajas de conocer gente en situaciones como esta, es que esa gente está tan abierta como tú a todo aquello que pueda venir. Gente sin prejuicios en cuya mochila no viaja la palabra estereotipo. Gente que lo da todo y no espera nada, sólo tu bienestar. 
La lista de aquellos que han facilitado mi bienestar neozelandés es, afortunadamente, importante; quizá no tanto por el número como por la calidad de lo ofrecido.

Gracias Marce y Nico por la inmensa ayuda que me habéis regalado desde que puse los pies en Frienz. Y a ti Marce por esa sonrisa incansable que nunca desaparece de tu rostro y que espero que nunca lo haga.

Gracias Gerar y Vir por abrirme la puerta de vuestras vidas y compartirlo todo. Fuisteis un inmejorable flotador cuando las fuerzas flaqueaban.

Gracias tocayo por ser cómo eres, porque brillas por fuera pero más aún por dentro. Porque con un sushi enganchas y con un café enamoras. Te voy a extrañar muchísimo.

Gracias a mi cleaner-family: Dayi, Bea, Miguel, Marta, Nuria y Nerea por haber vivido tanto juntos. Y los últimos miembros: Lee, Nimco, Norma, Jesús, Meri, Guille, Hernán, JP… sois unos grandes.

Gracias a todos los que habéis compartido esta experiencia conmigo, porque me llevo un poquito de cada uno de vosotros y de todos he aprendido algo.

Aprender. Supongo que de eso se trata en la vida, de aprender lo más posible para enriquecerse.
Y hablando de aprender… “¿y el inglés?”, preguntareis alguno. Este era, por supuesto, el objetivo con cierto carácter profesional.
Nueva Zelanda se perfilaba como un país remoto, libre de las garras españolas… pero somos muchos los hispanohablantes, e ínfimas las oportunidades que nos ofrecen en la madre patria. Así pues, aunque me voy con los deberes hechos, no puedo evitar pensar que podría haber aprovechado más el tiempo. Siempre se le puede dar una vuelta más a la tuerca.

Más de un año viviendo una experiencia de vida que nunca olvidaré y que rompe esquemas estáticos nunca cuestionados para construir otros flexibles de naturaleza más humana.

Hace 13 meses decidí empezar a compartir esta aventura con todos vosotros a través de este ciberhuequito. Hoy esta aventura termina, pero como esta vida engancha, otra comienza. Desconozco la duración de lo que se avecina, pero creo que voy bien preparado: ilusión, ganas, buena compañía y dos pequeñas mochilas. Promete.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Ordinary life



La experiencia de estar viajando durante 2 meses ha sido extremadamente positiva. La sensación de libertad que se experimenta será difícil imposible de borrar de tu bagaje personal. Todo lo aprendido (y desaprendido) es tan intenso y a la vez tan sencillo que te fascina, te llena. Me siento lleno.

Hay tantas cosas que conocer fuera del cascarón del que vivimos que, una vez que eres consciente de ello, quieres seguir conociendo, descubriendo nuevas formas de ver la vida, de plantearla, de disfrutarla, de vivirla en definitiva.
Parece ser que no sólo se puede ser feliz estudiando una carrera (o dos), después un master (o dos), luego consiguiendo un buen trabajo (de lo tuyo claro) que te permita comprarte un coche y a continuación un piso (y a poder ser una segunda vivienda vacacional)… No digo que esto no esté bien, sólo digo que hay otras formas de vida, que podemos ser felices con menos materialismo y más sensaciones, que hay más caminos que se pueden recorrer. Los que me conocen saben que elegiré una carretera nacional pudiendo ir por una autovía, ¡y si tiene curvas mejor! Normalmente se tarda más sí, pero las vistas suelen compensar esos minutos.
No quiero transmitir la prepotencia de quien descubre algo nuevo y cree que es lo mejor (máxime cuando uno no es el pionero). Sólo digo que muchas veces nos empeñamos en ir por el camino marcado sin mirar las demás alternativas y que, por suerte, a no todos les gusta viajar por la misma carretera, ¿te imaginas el colapso?.

Si hay algún adjetivo que no utilizaré para describir este continente ese es competitivo. Aquí la gente se ayuda, te ayuda, y lo hace de verdad y con una sonrisa en la cara. No les importa lo que eres, a lo que te dediques o de donde vengas, simplemente te ven como uno más, como una persona.
En general nadie se cree mejor que nadie por dedicarse a una u otra profesión, y esto se corrobora al ver la heterogeneidad laboral en los grupos de amigos. En el caso de Australia probablemente se deba a que las diferencias salariales entre elegir una profesión de despacho ó una de habilidades personales, no son muy marcadas. O tal vez se reduzca al hecho de que el salario mínimo es de 18$/hora, lo que hace que tu calidad de vida sea más que aceptable independientemente de tu elección laboral... Lo cual me lleva a pensar que la gente decide trabajar en lo que realmente le apetece. Lo cual me lleva a deducir que serán más felices en su día a día.

Nueva Zelanda es otra historia, es el país del relax and take it easy. Aquí las cosas van con calma, todo llegará (aunque nunca sabes cuando). Se te puede romper la cerradura de una puerta, llamar al cerrajero y que éste haga acto de presencia a las 3 semanas (caso verídico). Stress? Qué es eso?

Con esta sensación de amplitud de miras y de plenitud volví a Auckland. Con otra perspectiva de todo y con ganas de exprimir al máximo mi estancia por estos lares. De aquí se derivó también mi decisión de posponer mi vuelta a España y aprovechar un visado que me permitía trabajar y, por tanto, ahorrar dinero para una nueva aventura viajera.

El trabajo llegó, esta vez muy fácil y rápidamente. Un trabajo full time de limpieza que me iba a permitir ahorrar en poco tiempo y poder seguir con este estilo de vida descubierto. La novedad con respecto a mi anterior trabajo es que, aunque obviamente seguía sin gustarme, esta vez lo he disfrutado y no ha llegado a pesarme la sensación de que hacía algo “impropio para mi”. No ha sido el primer trabajo que hiciera que no me gustara, con la diferencia de que la ejecución en éste ha sido simple y la recompensa apreciable.

Hablo en pasado porque mi etapa laboral pasó a mejor vida el 3 de septiembre, cuando cambié el mocho por un libro de inglés y me fui a una academia. Hasta ese momento, estos tres últimos meses trabajando aquí han hecho que mi ordinary life se redujera a eso, trabajar. Ahora puedo decir que mi siguiente aventura viajera tiene los días contados y la espero con impaciencia: el sudeste asiático promete ser un destino que deje huella antes de llegar a la patria.